
1. Cómo tener un infarto
- Primero: El trabajo ante todo y, sobre todo.
- Segundo: Comience a trabajar temprano y dele duro hasta la noche, olvidándose de los sábados, domingos y días festivos.
- Tercero: Llévese trabajo a casa y aproveche el tiempo hasta altas horas de la noche.
- Cuarto: Acepte todas las invitaciones relacionadas con su negocio; las comidas y cócteles son estratégicos para hacer buenas operaciones comerciales.
- Quinto: Fume un mínimo de dos paquetes de cigarrillos diarios.
- Sexto: Nada de paseos, cines, reuniones familiares, lecturas amenas, fines de semana que nada rinden y cuestan tiempo y dinero.
- Séptimo: ¿Vacaciones?… una moda de vagos.
- Octavo: No delegue la mínima responsabilidad, nadie puede hacer las cosas tan bien como usted.
- Noveno: Coma y beba mucho, no descanse después. Al contrario, retorne inmediatamente a su actividad. Usted es impostergable, ineludible e irremplazable.
- Décimo: Si viaja por negocios, hágalo siempre de noche, así no pierde el día. Al anochecer inicie el regreso y así podrá seguir trabajando a la mañana siguiente.
Cumpla con el decálogo y el infarto cumplirá con usted.
2. Una buena empresa
Un antiguo artículo publicado en El periódico Seattle Post-Intelligencer sugiere que un hombre que no puede dejar de beber obraría con prudencia si abriera una taberna o un bar en su propia casa.
El artículo dice: «Si tú eres el único cliente no tienes por qué comprar un permiso de venta. Da a tu esposa 55 dólares para que compre una caja de whisky. Hay 240 copas en una caja. Tú le compras una copa a ella cada día por sesenta centavos cada una, y a los doce días, cuando hayas terminado la caja, tu esposa tendrá 89 dólares en el banco y 55 para comprar una nueva caja. Si vives diez años y más y sigues comprando todo el whisky a tu esposa, cuando tú acabes con una cirrosis de hígado tu esposa tendrá 2.708.547 dólares en el depósito, bastante para criar a los hijos, pagar la hipoteca de la casa, casarse con un hombre decente y olvidar que se había casado con un estúpido como tú».
3. El perro y la luna
José Barker era un incrédulo. En uno de sus discursos dijo: —¿No creen ustedes que, si verdaderamente hubiese un Dios, Él debería hacer algo conmigo? Me paso la vida negando su existencia.
Un campesino que se hallaba entre los oyentes se levantó y le contestó: —Mi perro tiene la costumbre de ladrar a todo lo que ve, incluso a la luna, ¿y qué hace la luna? Sigue resplandeciendo con todo su brillo. De la misma manera insensata obra usted: le ladra al Todopoderoso, como lo hace el perro a la luna. ¿Y qué hace Dios? Hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos; pero esto no durará siempre.
Un versículo de la Biblia en el libro de los Salmos, después de describir algunas de las maldades que cometen los hombres, declara: «Mientras hiciste todo esto, yo guardé silencio; pensaste que nada me importaba, pero ahora llegó el momento de reprenderte, y plantearé la lista de acusaciones contra ti.» (Salmos 50:21 NBV). Y el apóstol Pablo dice: «¿Acaso crees que Dios juzgará y condenará a los demás y te perdonará a ti que haces las mismas cosas? ¿No te das cuenta de que por las riquezas de su generosidad, bondad y paciencia ha estado aguardando sin castigarte para darte tiempo a que te apartes de tus pecados?» (Romanos 2:3-4 NBV).
En el caso de José Barker, ocurrió afortunadamente lo mejor, pues Barker reconoció sus errores, se humilló ante Dios y más tarde fue un predicador del Evangelio. El silencio de Dios no es debilidad, sino misericordia.
4. Se lo dieron todo
—Vayamos a los barrios bajos, busquemos allí un borracho perdido que necesite un corte de pelo y de barba; traigámoslo aquí y hagamos una demostración ante nuestro grupo del cambio que podemos lograr en el borracho.
Esta fue la sugerencia de uno de los asistentes a la convención de la Midwestern Barber’s Association en Chicago.
Encontraron un borracho en la esquina y le hicieron todo lo que se mencionó antes.
Los barberos hicieron una colecta y le compraron un traje nuevo, corbata, zapatos y calzoncillos. ¡Qué magnífico era su aspecto exterior!
El director de un hotel, impresionado muy favorablemente por el cambio que habían logrado los barberos en el individuo, le ofreció un empleo.
—Me presentaré a las ocho de la mañana para empezar a trabajar —prometió—
Sin embargo, no se presentó. Le encontraron más tarde, totalmente borracho, en una esquina.
La mayor necesidad del hombre es de una limpieza interior. «Os es necesario nacer de nuevo», dijo Jesucristo. Una nueva presentación exterior no basta.
5. Meter la nariz donde no debes
«Una de mis abuelas tenía un perro y un gato. El minino había decidido instalarse bajo la mesa de la cocina, junto a la estufa. Cierto día vi al perro correr hacia la calle con la nariz ensangrentada; entonces, mi abuela exclamó: “Metió la nariz bajo la mesa” (territorio hostil). Cuando metes la nariz donde no debes, te arriesgas a sufrir lo que no quieres. Creer a Dios implica permitirle hacer aquello que tú no puedes ni debes hacer. La sabiduría está en saber cómo actuar en cada ocasión».
6. Reacciones adversas
¿Cómo manejas el rechazo?
¿Afectan las opiniones contrarias tu capacidad de soñar?
¿Cuánto influye el rechazo en tu toma de decisiones?
Cuando tienes un sueño, ¿lo abandonas de buenas a primeras?
¿Sueles concluir tus proyectos?
Dante Gebel expresó: «Cuando quieras emprender algo, habrá un montón de gente que te dirá que no lo hagas. Cuando vean que no te pueden detener, te dirán como lo tienes que hacer. Cuando finalmente lo logres, dirán que siempre han creído en ti».
«Cuando la tierra o la gente te diga: “no lo vas a hacer” o “no lo vas a lograr”, es tiempo de acostarte y soñar un sueño más grande. Cuando Dios te da un sueño, es a Dios a quien tienes que escuchar».
Reacciones adversas
En 1954, Jim Denny, director del espacio radiofónico de música country más antiguo de USA —el Gran Ole Opry—, expulsó a Elvis Presley después de una presentación. Estas fueron sus palabras: «No irás a ningún lado. Deberías volverte a casa a conducir un camión».
En su sueño por volar, los hermanos Wilbur y Orville, pioneros en la historia de la aviación y conocidos como Los hermanos Wright, tuvieron que escuchar perlas como la que sigue: «Si las personas se hubieran creado para volar, Dios les habría dado alas».
En 1964, poco antes de la primera gira de los Beatles por USA, el presidente de Capital Records, Alan Livingtone, expresó: «No creemos que logren hacer algo en este mercado».
Al pintor impresionista francés Pierre-Auguste Renoir le sugirieron en más de una ocasión: «Renuncia a la pintura, no tienes talento».
Roger Gilbert Bannister fue un niño inglés que sufrió graves quemaduras en las piernas a causa de un accidente. Pese a que su médico le comunicó que jamás volvería a caminar, se convirtió en el primer adulto en batir el récord mundial de la milla en cuatro minutos.
Ellos padecieron sus reacciones adversas. ¿Has sufrido la tuya?
7. Optimismo o pesimismo
Escuché una historia acerca de un vendedor de zapatos que fue trasladado por su compañía a una zona subdesarrollada. Al ver que casi todo el mundo caminaba descalzo, mandó un informe diciendo: «Aquí tenemos muy pocas perspectivas de negocio; casi nadie usa calzado». Tiempo después, otro vendedor fue enviado al mismo lugar. Al contemplar cómo la gente caminaba descalza, se puso en contacto con su oficina y les comunicó: «Aquí tenemos grandes posibilidades de negocio; casi nadie usa calzado».
Pep Guardiola, exjugador y entrenador del Fútbol Club Barcelona, dijo en una ocasión: «No hay nada más peligroso que no arriesgarse».
Miguel Ángel Acebal. El hombre que rehusó morir antes de tiempo.
8. Todo depende del tono
Un hombre que no sabía leer recibió una carta de su hijo que meses antes se había marchado de su casa para correr mundo y hacer fortuna. La carta decía:
«Querido padre: Me encuentro enfermo, sin amigos y sin dinero. Envíame fondos enseguida. Tu hijo que te quiere: Juan».
El padre llevó la carta a un carnicero de voz ronca que, en vez de hablar, bramaba y le rogó que se la leyese. Cuando hubo terminado la lectura, el padre, en lugar de conmoverse, se enfadó y determinó no enviarle ni un céntimo.
En el camino de vuelta a su casa, pensó que quizá el carnicero se hubiese equivocado y resolvió entrar y enseñarla al panadero, hombre pacífico y bonachón.
Este le leyó la carta con tono dulce y suplicante, que produjo en el padre una reacción tan repentina como inesperada.
—¡Pobre hijo mío! —dijo—. Le mandaré todo cuanto necesite y mucho más.
El carnicero y el panadero leyeron las mismas palabras, pero ¡cuán diferente resultado produjeron! Lo que decimos es importante, pero también lo es el modo en cómo lo decimos.
9. No hay respuesta ahora
Mientras luchaba contra los muchos problemas de la geografía y el clima durante la construcción del canal de Panamá, el coronel George Washington Goethals tuvo que sufrir las críticas acerbas de numerosos entrometidos en los EE UU que pronosticaban irresponsablemente que nunca terminaría su empresa. Pero el constructor proseguía resuelto la tarea, sin contestar palabra.
—¿No va a contestar a sus críticos? —le preguntó un subordinado—.
—No ahora; con el tiempo sí —contestó Goethals—.
—¿De qué manera?
El gran ingeniero sonrió: —Con el canal —fue la respuesta—.
Adrian Anderson (Útil para «Virtudes pasivas: Tenacidad».
¿Te sientes en la obligación de responder a todo lo que te preguntan? ¿Tienes por costumbre contar todo de ti a todos?
10. Murió para dar vida
Hacia el año 1850 el director de la Biblioteca de Argel asistió a la perforación de un pozo artesiano en pleno Sahara.
La capa de agua dulce fue alcanzada a 55 metros debajo de la arena. Los trabajadores se turnaban en la perforación del estrecho orificio, colgados de una cuerda.
El testigo cuenta: «Solo quedaba por perforar una capa de dura piedra caliza de poco menos de medio metro de espesor, bajo la cual se oía rugir el agua. El pocero bajó solo. El último golpe de su herramienta provocó un chorro de grava y agua de tal magnitud que el hombre podía ser destrozado o asfixiado antes que la cuerda lo hubiera podido extraer a la superficie.
Fueron instantes de angustia. Lo sucedido fue que subió un cuerpo sin vida, en tanto que el precioso líquido empezaba a llenar los canales ya abiertos en el futuro oasis.
El contemplar tan triste escena hizo pensar a aquel librero en Aquel que murió para dar el agua de vida eterna a miles de personas: Jesús.
11. Tenía cicatrices
Se declaró un incendio en una casa de una aldea de Kentucky. Los bomberos llegaron tarde para salvarla. Había una muchedumbre congregada delante, consternada a causa de un niñito que se hallaba todavía dentro, a quien suponían muerto para entonces. La madre intentó lanzarse a la casa para sacar al niño, pero muchos brazos le impidieron realizar su temerario intento.
De repente, un extraño que pasaba —al parecer, un vagabundo— se detuvo y preguntó en qué parte de la casa se hallaba el niño. Le dijeron que estaba durmiendo en un dormitorio de arriba, del cual se podía ver todavía la ventana.
Entonces, sin que nadie se imaginara lo que intentaba hacer, el vagabundo se lanzó como una flecha hacia la escalera en llamas. Todo el mundo retuvo el aliento, pensando que el hombre iba a una muerte segura. Pero un momento después le vieron que asomaba la cabeza por el cristal de la ventana, respiró a fondo y luego desapareció. Al poco se le vio salir corriendo de la casa abrazando un hato de mantas y, dirigiéndose a la madre, que sollozaba desesperada, le dijo:
—Señora, ahí tiene el pequeño. Creo que no le ha pasado nada.
Luego se escurrió entre el tumulto y, con la frente sangrando de un corte, desapareció.
La madre sacó de entre las mantas a su hijo sano y salvo. Luego intentó dar las gracias al forastero que lo había salvado. Pero no lo vio en parte alguna.
Pasaron muchos años; la familia se había trasladado a una casa de campo. Era el tiempo de la cosecha, y la madre se hallaba en la cocina preparando la comida para los hombres, cuando se oyó que llamaban a la puerta de atrás. La madre, al abrirla, vio a un vagabundo, un mendigo, que solicitó algo de comer.
La mujer, ocupada como se hallaba, estuvo a punto de despedirle, diciéndole que no tenía nada a mano, cuando el mendigo, mirándola fijamente, le dijo:
—Señora, ¿no vivía usted en… hace unos cinco años?
—Sí —replicó la madre, sorprendida—.
—¿Y no se incendió su casa una noche?
—Es verdad —contestó asombrada—.
—Yo soy el que entró en la casa ardiendo y sacó a su hijo —explicó el mendigo—.
La madre se sonrojó, avergonzada de su idea de despedir al pordiosero. Había pensado mil veces en aquel incidente y deseaba poder recompensar al extraño por su acto de amor y heroísmo.
—Aunque le he buscado, nunca he podido saber nada de usted. Me dijeron que cuando se marchó estaba sangrando.
El mendigo se quitó el viejo sombrero y le mostró la frente con una larga cicatriz.
Aquella noche, en aquella casa, todo fue puesto a disposición del que había salvado al hijo.
Si los redimidos, hombres y mujeres, pudieran, aunque solo fuera un momento, ver las manos traspasadas por los clavos de la cruz, ¿habría algo en sus vidas que no fuera puesto a disposición de Aquel a quien deben una gratitud eterna?
12. El amor que no suelta
La idea del «amor que no suelta» se ilustra en la historia de Charles Phillips.
Phillips se hallaba con su esposa, poco después de la boda, en una lancha que explotó y, ardiendo, se hundió en la costa este de los Estados Unidos. Algunos de los que había en la lancha murieron a causa de la explosión y el incendio que siguió. Otros se ahogaron y sus cuerpos fueron recogidos después, pero muchos fueron rescatados por la guarda costera y llevados a hospitales del área, para ser tratados de sus heridas y quemaduras.
Charles Phillips fue uno de los que habían quedado severamente heridos, y tardó muchos días en salir del estado de shock y en preguntar acerca de su esposa.
Nadie sabía nada de ella. Pasaron aún varias semanas antes de que Phillips fuera dado de alta del hospital. Pero entonces empezó la búsqueda de su esposa. Su cuerpo no había sido hallado, y había rumores de que se había recogido a una joven con serias quemaduras, pero esto era todo. No se pudo hallar rastro de ella, aunque se tenía la intuición de que estaba viva.
Al pasar los años, Phillips prosperó en sus negocios. No se volvió a casar, y en el curso de los años dedicó millares de dólares a la búsqueda de su esposa. Pasaron veinte años sin hallar rastro alguno.
Acabó empleando a una gran organización especializada en la búsqueda de personas desaparecidas. Se puso en actividad un grupo de detectives en busca de huellas por las ciudades en que se habían tratado las víctimas. En una de ellas, una enfermera, recordaba haber cuidado a una joven recién casada cuyo rostro había quedado desfigurado por las cicatrices.
Pero uno de los detectives tuvo una idea:
—La encontraremos no muy lejos de la residencia del esposo, a quien ella puede ver sin ser reconocida. Ella le ama todavía, pero no se atreve a ser vista con su rostro desfigurado.
¡Y así fue! La hallaron a poca distancia de la fábrica de él, trabajando en un taller de sombreros para señoras. Cuando le dijeron: —Sabemos quién es usted. Es la Sra. de Charles Phillips, ella lo negó y les repitió el nombre que había venido usando en los últimos veinte años.
—No —dijo el detective—. Usted es la señora Phillips. Su marido nos ha contratado para buscarla, porque la ama y la quiere con él. Ha prosperado en su negocio y quiere llevársela a su casa. Hace veinte años que la busca.
Entonces ella se echó a llorar y confesó que también ella amaba a su marido, pero temía dejarse ver por él a causa de su rostro desfigurado. Así terminaron veinte años de separación y de anhelo por parte de él, y de innecesaria soledad para ella.
Alguien que te ama, continúa buscándote. Se llama Jesús. Pero nada podrá hacer si te sigues escondiendo. Contado por B.V. Seals
13. La ciencia y Dios
«Cuando yo era joven la ciencia me parecía más importante que Dios o el hombre. Yo adoraba la ciencia. Tenía un temor reverencial a sus conocimientos.
Sus avances habían ido más allá de los mismos sueños del hombre. En ella parecía hallarse la clave de todos los misterios de la vida.
Me llevó muchos años descubrir que la ciencia, con todo su esplendor, solo ilumina un capítulo intermedio de la creación. En la pasada guerra mundial vi que la ciencia que yo adoraba y el avión que yo quería destruían la misma civilización que yo esperaba que sirvieran y que yo pensaba era tan permanente como la misma tierra.
Ahora entiendo que la verdad espiritual es más importante para una nación que el cemento que da cohesión a las paredes de sus ciudades. Porque cuando las acciones de un pueblo no son guiadas por estas verdades, con el tiempo estas mismas paredes se desmoronan.
La misión más urgente de nuestra época es entender estas verdades y aplicarlas a nuestro estilo de vida moderna.
Debemos sacar fuerzas de las virtudes casi olvidadas de la simplicidad, humil-dad, contemplación y oración. Esto requiere una dedicación más allá de la ciencia, más allá del individuo, pero las recompensas son grandes y es nuestra única esperanza». Charles A. Lindbergh en «Flight and Life».[1]
14. Los sinónimos del pecado
Hace varios años, una sociedad de radiodifusión en Finlandia llevó a cabo un concurso para ver cuántos sinónimos podía descubrir la gente en ciertas palabras.
El primer premio lo ganó un concursante que dio 747 sinónimos para la palabra «embriaguez». Un preso ganó el segundo premio por lograr 170 sinónimos para la palabra «robo». Otro envió 203 palabras para «mentir».
Todos los predicadores y escritores emplean sinónimos, pero nos metemos en problemas cuando empezamos a llamar al pecado con otras palabras más finas o suaves. Algunas personas lo hacen llamándolo un error, una equivocación, una debilidad, el resultado de condicionamientos familiares. Sin embargo, transgredir la santa Ley de Dios es siempre pecado, no importa cómo lo llamemos; el pecado nos lleva a andar en tinieblas en lugar de andar en luz.
15. El ser vivo más peligroso
En una exposición organizada por un comité pacifista antinuclear se podía ver un gran cartel que llevaba esta intrigante inscripción: «Venga a ver la bestia más peligrosa del mundo».
Los visitantes afluían, y salían decepcionados o furiosos. ¿Por qué razón?
Se entraba en un cuarto oscuro en el que se hallaba un espejo, único objeto iluminado. El visitante entraba, veía su cabeza en el espejo y leía este texto:
«Usted es la más peligrosa bestia del mundo, pues el hombre es el único animal que desde la Creación está estudiando los medios posibles para destruir a otros seres vivos, y recientemente ha llegado a obtener medios para destruir en pocos minutos a la propia raza humana».
Esto coincide con el retrato que desde hace siglos la Sagrada Escritura nos presenta acerca del hombre pecador, y de como Dios quiere librarle del pecado que está en su corazón.
16. Todos nosotros, como ovejas
La maestra ponía problemas de restar a su clase.
—Si había veinticinco ovejas a un lado de la carretera y cinco de ellas cruzaron al otro lado, ¿cuántas ovejas quedaron? —preguntó la maestra—.
Algunos de los alumnos dijeron que veinte. Otros, que no estaban seguros.
Raymond, que se había criado en el campo, dijo muy seguro de sí mismo:
—Ninguna, Srta. Tweed.
—¿Ninguna has dicho, Raymond? —preguntó la maestra—.
Raymond asintió con la cabeza afirmativamente.
—Me parece que te falta la aritmética, —respondió la maestra—, si crees que no habrá ninguna oveja cuando sólo son cinco las que han atravesado al otro lado.
—Pues Srta. Tweed, si usted cree que quedó alguna oveja después que cinco cruzaron la carretera, entonces es que usted no ha visto lo que hacen las ovejas.
Como las ovejas del ejemplo, los seres humanos somos imitadores. Y, para nuestra desgracia, muchas veces seguimos a la mayoría sin cuestionar a dónde nos conducirá el camino. Pero nuestra seguridad consiste en ser seguidores fieles de aquel que jamás nos dañaría al guiarnos, a Jesús de Nazaret.
17. Evidencia positiva
En nuestro campamento de verano, algunos de los chicos habían saltado la valla de un campo vecino y habían dejado un manzano, cuya fruta no había madurado todavía, sin una manzana en las ramas. El dueño protestó al descubrirlo.
A la mañana siguiente, el superintendente del campamento interrogó a algunos de los chicos, con miras a descubrir cuáles eran los culpables del hurto. Como evidencia del hecho presentó un puñado de manzanas verdes que había encontrado en una de las tiendas de campaña y llamó a los ocupantes de la misma para que explicaran la posesión de las manzanas. Finalmente, uno de los chicos dijo:
—Son de mi hermano.
—¿Dónde está tu hermano? —preguntó el superintendente—.
—Mi hermano está en la tienda, con dolor de barriga —contestó el chico—.
La Biblia dice: «Os alcanzará vuestro pecado», y esto se cumple tanto en lo grande como en lo pequeño; las leyes de Dios son inflexibles y siempre acarrean consecuencias, dentro o fuera.
18. ¿Cómo empiezan las guerras?
—¿Cómo empiezan las guerras? —preguntó un chico a su padre—.
En un alarde de sabiduría, el padre empezó: —Pongamos por caso la Primera Guerra Mundial; aquella guerra empezó cuando Alemania invadió Bélgica…
Su mujer le interrumpió y le dijo a secas:
—Explícale todo al chico. Empezó cuando alguien asesinó al duque de Sarajevo.
El marido, algo molesto, replicó: —¿Quién está contestando la pregunta, tú o yo?
La esposa se encolerizó y salió refunfuñando del cuarto, dando un portazo. Un silencio tenso siguió a la salida tempestuosa de la mujer. Al final el chico dijo:
—Papá, no hace falta que me expliques cómo empiezan las guerras. ¡Ya lo sé!
19. La respuesta del barbero
Un pastor y un barbero andaban juntos por un barrio muy pobre de Chicago. Alrededor se veía solo miseria y suciedad.
—Si hay un Dios de amor —exclamó el barbero escéptico—, ¿por qué permite que existan condiciones semejantes en el mundo?
El ministro fue considerando la pregunta del barbero, hasta que pasaron junto a un vagabundo sin afeitar y desgreñado.
—¿Vio usted a este individuo? No se ha afeitado desde hace meses y el cabello le cae sobre los hombros. ¿Cómo puede ser usted un buen barbero y consentir que ande por la calle un hombre en estas condiciones?
El barbero, algo molesto, le contestó:
—¿Qué puedo hacer, si el hombre no se deja afeitar ni cortar el pelo? Si quisiera arreglarse y me lo pidiera le dejaría más que presentable.
—Esto es lo que pasa con Dios —dijo el ministro—. Si los hombres le dieran la oportunidad, Él cambiaría su vida por medio del amor que derrama sobre ellos, pero miles de hombres, alejados de Él o engañados por falsas religiones, no dejan que el deseo de su Padre Celestial se cumpla en sus vidas. «El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1Timoteo 2:4).
A todos nos gusta que nos concedan nuevas oportunidades, pero ¿por qué muchas personas nunca le concedieron a Dios ni una sola?
20. Nos estamos cociendo
Se vio en un experimento de laboratorio que si se coloca a una rana en agua y ésta se va calentando de modo progresivo, pero muy lentamente, una fracción infinitesimal de grado por segundo, aunque la rana no da la menor señal de desasosiego o de sufrir dolor alguno, al cabo de un par de horas se halla muerta.
La explicación de por qué no pone en movimiento ningún mecanismo de defensa se debe a que calentando el agua de modo tan gradual la rana no se da cuenta de la progresiva elevación de la temperatura del agua y muere hervida, sin reaccionar.
Si se la dejara caer súbitamente en agua muy caliente, la rana, de un salto, se pondría a salvo.
Nos estamos cociendo y apenas lo notamos. Será aquello que nos hace sentir a gusto lo que tal vez acabe con nosotros.
21. La torre de Pisa
Los turistas van a ver la torre de Pisa, en Italia, que ha venido inclinándose desde hace 800 años sin haber caído todavía. Se maravillan de que no haya caído.
Lo mismo piensan los científicos italianos. Desde el año 1911 un profesor de la Universidad de Pisa mide la inclinación de la torre. Cada año la medida de la inclinación ha aumentado en una fracción de pulgada.
La torre empezó a ser construida en 1173 por el famoso arquitecto Bonano Pisano. Cesó de trabajar en ella en 1185, cuando la torre había alcanzado solo tres pisos y medio de altura.
Noventa años más tarde, un nuevo arquitecto añadió tres pisos y medio más.
La torre ya empezó a inclinarse desde que este arquitecto inició su trabajo. En vez de corregir el fundamento, solo trató de corregir la inclinación erigiendo los pisos superiores verticales.
Pasaron ochenta años más y un nuevo arquitecto puso la cúpula del piso octavo.
La torre seguía inclinándose.
Se han presentado muchas teorías para explicar la inclinación. La mejor es que el fundamento se halla sobre un terreno blando y acuoso. Por ello se hunde en la tierra que no es firme.
Se han propuesto también toda clase de teorías ingeniosas para enderezar la torre. Incluso el sostener la torre con globos. Pero los entendidos dicen que hay que reconstruir el fundamento y entre tanto sostener la torre, que pesa 14.500 toneladas, de alguna forma. Si no se hace esto la torre caerá de modo inevitable, en algún próximo siglo.
La vieja torre tiene una lección para los que creen que el hombre, apoyado por mejoras sociales, puede llegar a vivir feliz y en paz. La obra ha de ser empezada desde el fundamento: la naturaleza interior del hombre se inclina al pecado. El interior del hombre ha de ser regenerado por el Espíritu de Dios. De otro modo, vendrá sobre el juicio inexorablemente.
22. Delincuentes de fabricación casera
El Departamento de Policía de Houston, Texas, ha publicado un folleto titulado Las doce reglas para criar hijos que lleguen a ser delincuentes. Son:
- Dé a su hijo todo lo que quiera desde niño. De esta manera crecerá pensando que las otras personas deben estar a su disposición.
- Cuando empiece a utilizar alguna que otra palabra «gorda» ríase. De este modo se creerá ser gracioso. También le alentará a emplear frases francamente obscenas más tarde.
- Nunca le enseñe nada de asuntos espirituales. Espere hasta que sea mayor para que pueda decidir por sí mismo.
- Evite la palabra «malo» pensando que le daría un complejo de culpabilidad. Esto le preparará para que cuando más tarde sea detenido por alguna infracción contra la Ley, piense que la sociedad está en su contra y que es objeto de persecución.
- Recoja todo lo que deje por ahí desordenadamente, libros, zapatos, ropa, etc. Hágaselo todo, para que le sea más fácil; más tarde imputará la responsabilidad a los demás.
- Déjele leer todo lo que quiera, no importa qué. Tenga cuidado de que el vaso y los cubiertos estén bien limpios, pero deje que su mente se llene de basura.
- Dispute frecuentemente con su esposa delante de los hijos; de esta manera no quedarán sorprendidos cuando la casa, más tarde, se desmorone.
- Dele a su hijo todo el dinero que quiera. Que nunca tenga que trabajar para conocer su valor. ¿Por qué han de ser para él las cosas tan difíciles como lo fueron para usted!
- Satisfágale en todo cuanto haga referencia a comida, bebida y confort. Procure que no haya estorbos para su satisfacción sensual. El no tenerla puede ocasionarle frustraciones dañosas.
- Póngase del lado de su hijo siempre que tenga conflictos con amigos, vecinos, profesores, policía. Todos ellos están contra su hijo.
- Cuando su hijo se meta en problemas de veras, excúsese diciendo: «Era imposible hacer nada con este hijo».
- Esté sobre aviso. Es muy probable que en la vida no le falten los sinsabores y las penas si procede según estas reglas.
23. El oro le impedía comer
El Dr. Edwin San Jhon Ward explicaba que cuando fue director del Hospital Americano en Beirut, acudió un paciente con una enfermedad muy extraña. Explicó que, siendo atacado por un grupo de bandidos, al verlos venir metió mano a su bolsillo y, sacando 26 monedas de oro del valor de una libra esterlina cada una, se las tragó, y ello le producía una indigestión de oro que temía le llevara a la muerte.
El cirujano le operó y, sacando el oro de su estómago, salvó su vida.
Usando este ejemplo, solía decir el Dr. Edwin cuando regresó a América: Hay muchas personas en este país que están tan llenas de oro en sus mentes y corazones que no pueden apreciar ni digerir las enseñanzas espirituales de la Palabra de Dios, que son las más importantes de la vida (2 Corintios 4:18).
24. Limpiando los cristales de nuestra ventana
Una mujer de carácter criticón señalaba con burla irónica que la ropa que tenía otra vecina tendida en su terraza estaba sucia, pero su visitante, más lista, se apercibió de que el defecto no estaba en la ropa, sino en los cristales a través de los cuales estaba mirando. Abrieron la ventana y le demostró que su crítica era sin razón, pues la ropa de la vecina estaba completamente limpia.
Con mucha frecuencia nos ocurre que los defectos que vemos en otros están, más bien, en nuestro carácter. Antes de criticarlos en otros, veamos si nuestros cristales no son los defectuosos.
Jesús dijo en Mateo 7:1-5:
«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Espera, sacaré de tu ojo la mota, y he aquí la viga se halla en tu ojo?
¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces mirarás de sacar la mota del ojo de tu hermano».
25. Dad gracias en todo
El bien conocido comentarista bíblico Matthew Henry hizo la siguiente anotación en su diario después de haber sido robado:
«Debo dar gracias a Dios, en primer lugar, porque nunca antes fui robado; en segundo lugar, porque aun cuando me quitaron la bolsa no me quitaron la vida; en tercer lugar, porque aun cuando me lo robaron todo, no era mucho; y en cuarto lugar, porque aunque fui robado no soy yo el ladrón».
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FUENTES
Enciclopedia de anécdotas e ilustraciones II. Samuel Vila. Editorial Clie.
El hombre que rehusó morir antes de tiempo. Protege tus sueños frente a las adversidades de la vida. Miguel Ángel Acebal.
[1] Charles Augustus Lindbergh nacido 7 de febrero de 1902 fue un aviador e ingeniero estadounidense. En 1927, alcanzó la condición del primer piloto en cruzar el océano Atlántico, de oeste a este, uniendo el continente americano y el continente europeo en un vuelo sin escalas en solitario; anteriormente una pareja de aviadores británicos (Alcock y Brown) había llegado desde Terranova hasta Irlanda en 1919, pero no hasta el continente europeo. El vuelo enlazó Nueva York y París, a más de 6,000 km de distancia. En 1954, ganó el Premio Pulitzer de literatura con su obra Spirit of St. Louis, un relato sobre su famoso vuelo. Murió en 1974. Fuente: Wikipedia.